domingo, abril 29, 2007

Yo quiero ser como Spider Jerusalem.

Acabo de releerme, en una tarde y del tirón, la serie completa de Transmetropolitan. Como esto va a ser un comentario más bien personal, si por esas cosas que pasan algún ignorante recala por aquí y quiere información más técnica, la ficha de la Guía del Cómic: http://www.guiadelcomic.com/comics/transmetropolitan.htm.

Me escuecen los ojos. Me duele la cabeza. Y es porque me salté la parte del precalentamiento. Para enfrentarse a la obra cumbre de Warren Ellis -ni Authority ni pollas- hay que llevar a cabo una serie de ejercicios previos consistentes en la ingesta de diferentes clases de estupefacientes. Nos lo demuestra uno de los personajes de la misma obra, Mitch Royce, el editor de Spider Jerusalem:

Mitch y sus instrumentos de trabajo

Transmetropolitan es una puñetera obra maestra. Es un cómic que intenta ser lo más provocador que pueda forzando la mano una barbaridad. Es exagerado, y la separación entre buenos y malos acojonantemente maníquea. La idea del periodismo que transmite está excesivamente idealizada y resulta, desde luego, inaplicable e irreal. Pero precisamente ahí está la gracia.

Para empezar se trata de ciencia-ficción, lo que quiere decir que el autor ha preferido separarse del referente real sobre el que va a verter su crítica para tener barra libre. Evidentemente le ahorra tener que trabajarse la verosimilitud, pero sobre todo le permite extrapolar y magnificar problemas actuales -como la corrupción política, la prostitución infantil o los movimientos pseudorreligiosos que sólo pretenden sacar pasta y poder- y criticarlos con toda la saña que le parezca necesaria, de manera que "desfamiliariza" tanto la crítica como el problema, contra los cuales podemos estar vacunados por exceso de mensajes políticamente correctos o directamente chorras sobre los temas en cuestión.

Spider y sus asquerosas ayudantes después
de una dura jornada de trabajo periodístico

Pero, antes de meterme en lo que son los argumentos en sí, que voy a repasar muy por encima mitad porque me apetece y mitad para evitar molestar a quien no lo haya leído y piense hacerlo, hay que reconocerle otro mérito a la serie, el eterno de Ellis: conseguir que le cojas cariño a unos personajes que son unos auténticos cabrones egoistas. En el caso de Spider Jerusalem, un maldito cabrón lunático desprovisto de las más mínimas cotas exigibles de sentido común y respeto por sus semejantes. Pero un maldito cabrón honesto, con su código ético -flexible, eso sí- y comprometido con su particular visión de la profesión. Ellis hace que Spider sea una estrella excéntrica, un tipo que necesita que le odien, para que cuadre esta actitud y no tener que retratar a un simple "currito". Y aunque en el futuro salvaje que diseña probablemente también habría tenido su interés, la posición de Spider, que puede decir "lo que le dé la gana", le permite realizar una panorámica.

La cosa es que le coges cariño al tipo. Desde la primera historia queda claro que es un loco del que la gente o se ríe o se asusta en el trato personal, pero que es el mejor escritor sobre política del momento. Mitch, que pese a ser un drogadicto histérico y putero es un buen editor, lo sabe y le da cancha. En la última saga tiene una frase genial: "Tu eres periodista, eso quiere decir que buscas la información y escribes tu columna. Yo soy tu editor... lo que quiere decir que hago todo lo demás". En cuanto a las asquerosas ayudantes -Channon y Yelena-, comienzan odiándolo o tomándolo a coña y acaban entregadas completamente a la causa de su jefe: "Tenemos por fin un día para librarnos del maldito bastardo y nos dedicamos a hablar de él". Con Channon empatizas rápidamente gracias al capullo de su novio, Yelena... cuesta un poco más y no voy a decir como se produce esto, aunque es la más maltratada por Spider... y esto no tiene ningún doble sentido.


Spider aleccionando

El malo o los malos son un montón de políticos corruptos -sobre todo uno, El Sonriente- sin ningún tipo de sentido ético o moral, cuyo aspecto "decente" se contrapone a las pintas de Spider y su fondo bondadoso. Son unos tipejos bastante cabrones a los que acaba pillando porque, además, suelen ser o demasiado torpes o demasiado bestias. Sobre todo hay escándalos sexuales, aunque suelan servir más de excusa para otras cosas que como leiv motiv de los escándalos. También recibe las suyas y las del bombero los movimientos religiosos o "rebeldes de postal", gracias a la figura de Fred Cristo, personaje recurrente al que Spider y las asquerosas ayudantes putearan bastante a los largo de los 60 números de la serie, y con razones más que sobradas.

Pero mis números preferidos son los que se alejan de la trama central de la serie, que girará en torno al resultado de las elecciones presidenciales que tienen lugar al final del segundo año. Entregas aparentemente de transición donde Ellis usa a su protagonista, cuya personalidad ya ha establecido completamente, para mostrar los aspectos más trágicos de ese futuro distópico tan parecido al mundo actual en el que se desenvuelve. Por ejemplo, el dedicado a los revivos, gente que fue congelada en algún momento del pasado y ahora regresa a la vida para encontrarse con un futuro en el que no tiene cabida. O aquél en el cual Spider visita "Las Reservas", espacios dedicados a conservar culturas perdidas, ¿una reflexión sobre el multiculturalismo o algo asín?

Spider mirándonos mal

Casi todas las tramas de estos números "de relajación" acaban enlazándose con la principal, como los dedicados a la moda de los transientes -híbridos mitad humano mitad extraterrestre- o a la plataforma "Correcto Amor". "Correcto Amor" es una de las metáforas más desfasadas de la serie: un "lobby" cuyo objetivo es la regulación de "las relaciones sexuales con seres humanos presexuales". A alguno le recordará a NAMBLA, la asociación que los chavales de South Park descubren cuando Cartman decide demostrar su madurez haciendo amigos adultos por Internet. La mala leche que supuraba aquél capítulo aquí está mucho más acusada porque si allí la idea era, en último término, hacer reir, aquí Ellis pretende que te indignes y te cabrees.

Sí, es manipulador y demagogo. Es Warren Ellis echándonos la bronca durante 60 números, cortesía del sello Vértigo, por ser unos malditos bastardos hedonistas e inconscientes. Pero nos echa la bronca con estilo. Se lo curra. No se limita a inventarse una historia llena de barbaridades y exageraciones con un protagonista provocador y desagradable. Consigue que el tipo, con todos sus defectos, se haga simpático, y monta las exageraciones de tal forma que sin perder consistencia como un "mundo" aparte los paralelismos con el nuestro quedan bastante claros. Y, eh, si no te gusta, no lo leas.

Para despedir, dejaré que sea el viejo Spider quien defina su propia filosofía profesional:



No hay comentarios: