lunes, septiembre 11, 2006

Gatos


Había entre los gatos de toda España una polémica muy acusada en torno al maullido. Parecía que en cada punto y región de la piel de toro se maullaba de modo distinto a los demás y que por ello costaba entenderse. Para acabar con el problema se eligió democráticamente por sistema de pucherazo en cada rincón del país a un gato que representase a la mayoría de los gatos que pululasen por el lugar en cuestión, y se envío a los distintos egregios michos a una reunión sumarísima en el Coto Doñana. Se eligió principalmente dicha localización debido a que el juez de la discusión iba a ser el Lince Ibérico, por ser de la misma familia animal, de mente despejada y exento de toda sospecha de parcialidad. Llegaron todos los gatos, hasta contarse el número de diecisiete, y comenzó cada uno a maullar como mejor le parecía que debía hacerse. El gato andaluz dijo “miau”, lo que hizo reírse mucho al gato madrileño, que tras reprenderlo por ignorante, entonó muy contento un fino “miadu”, cosa que fue muy aplaudida por el gato extremeño. El gato vasco protestó enérgicamente, objetando que “miatxu” era mucho más correcto y quedaba mejor. El catalán, sin alterarse, afirmó que “miaet” era el mejor maullido y el que se entendía más rápido, encontrándose con que el gato gallego gritaba “miañu”. Mientras tanto el minino llegado de Valladolid sostenía que “miao” sonaba bastante fonético y añejo. El Lince Ibérico, al cabo de un rato de oírlos, sintió extinguirse su interés, y como empezaban a tocarle los bigotes, les impuso el “meaow” inglés y se fue a perpetuarse antes de morir de aburrimiento.

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